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¿Y QUIÉN VA A ARREGLAR ESTO?


¿Y QUIÉN VA A ARREGLAR ESTO? 

“Todo el que se niegue a ver, no es ciego; tan sólo es un estúpido” Pensamiento del perro de un invidente

Formato del Futuro…

La indetenible migración de venezolanos para Colombia configura el dedo acusador de lo que sucede en Venezuela con la escasez de alimentos y de medicinas. Y aquel que se atreva a decir lo contrario, indiscutiblemente, trata de ocultar la verdad. En Venezuela, hay hambre. No sólo porque la producción de alimentos está por el suelo y las importaciones pasaron a ser un patrimonio de exclusivo uso gubernamental. También porque aquello que está en los anaqueles, si acaso, y sin exageradas dificultades, puede ser adquirido por un 15% de la población. 0tro 10% también pudiera hacerlo, pero entre penurias, deudas y restricciones familiares. 

Es que la hiperinflación, definitivamente, tampoco es una mentira. Llegó. Luce dominante. Y, mientras tanto, la capacidad de compra desaparece; se desvanece entre discursos y más discursos de los cultores del populismo. Entre las ya agotadas ilusiones monetarias de aumentos salariales que sólo potencian el empobrecimiento. Entre promesas de que muy pronto llegarán las cajas del Clap, a sabiendas de que ese es un recurso de vida y utilidad corta, mientras no se sepa exactamente quién necesita de ese apoyo alimenticio, y a qué se debe que el mismo, con otro rostro y maquillaje, también ha pasado a convertirse en un complemento salarial para cierto estamento de la élite burocrática. 

La descripción registra una prueba innegable de que aquí la mayoría de los venezolanos se va a la cama cada noche sin haber podido ingerir algún alimento una sola vez al día. Es una demostración de que a Cáritas hay que escucharla y apoyarla. Porque cuando esa institución ha dicho una y otra vez que el avance de la desnutrición infantil ya ha pasado a convertirse en alarma social, tampoco está mintiendo. 

De hecho, lo que ha estado diciendo Cáritas se ha transformado durante los últimos días en razón de peso para que, en vísperas del inicio de las actividades escolares, muchas madres hagan pública una dolorosa y desgarradora confesión. Han dicho que ante la obligación de tener que comprar útiles, cuadernos o libros, sin saber en dónde buscar el dinero necesario para cumplir con dicha formalidad estudiantil, prefieren optar por usar dichos recursos en la compra de alimentos y no en cancelar esos bienes imprescindibles para que su -o sus- hijo cursen un nuevo año escolar. 



¿Y qué decir de lo que sucede con las medicinas?. Mienten aquellos que tratan de restarle peso e importancia a la escandalosa gravedad de su escasez. Es tan compleja como exigente en su atención, al igual que en el caso de los alimentos. Aunque aquí cada venezolano sin capacidad de respuesta pública ni posibilidad para cancelar una póliza que alivie su dificultad, pone en riesgo su vida. 

Sin duda alguna, la actual situación social y económica venezolana y las condiciones en las que la sobrellevan los ciudadanos, configura una crisis humanitaria, sin bien para miles, de por sí, ya es un verdadero holocausto. Desde luego, escandaliza la ligereza con lo que, desde las trincheras gubernamentales, algunas individualidades insisten en minimizar la magnitud del hecho de que hasta en los hospitales públicos, por declaración de médicos regentes, se sepa que han muerto niños y ciudadanos de todas las edades por falta de alimentación y de medicinas. 

Pretender convertir la opacidad informativa en una forma de silencio o de distracción interesada para ocultar lo que sucede, no anula la verdad. Por el contrario, la engrandece y convierte en motivo de persecución desesperada para la ciudadanía. También en motivo para que, de las maneras más inverosímiles, tales hechos se conviertan en la inobjetable verdad que describen aquellos trabajos especiales elaborados por múltiples medios de comunicación, en los que se incorporan gráficas sobre recién nacidos colocados en cajas de cartón, casi esqueléticos, como consecuencia de la desnutrición. 0 que se aparezcan personas de todas las edades hurgando en la basura, buscando restos de comida, conformando así una situación dantesca ante la cruel presencia de la hambruna en una parte importante de la sociedad venezolana.

Además, han resurgido enfermedades endémicas que habían sido erradicadas. Se han hecho presentes, otra vez, la difteria, el paludismo, la lepra, la tuberculosis, el sarampión, la lechina y otras tantas. Las suficientes para justificar el argumento de epidemiólogos acerca de que Venezuela, definitivamente, en materia de salud, ha terminado “africanizándose” por la presencia de estas enfermedades y, definitivamente, por la falta de una adecuada atención profiláctica o preventiva a nivel nacional. 

En lo económico, el drama se acentúa día a día. Y todo porque la máxima administrativa sigue siendo la misma: seguir adelante con los mismos errores que provocaron el cuadro actual. Y todo sin importar costos y efectos. Mucho menos que el Bolívar, el signo monetario venezolano, haya terminado convirtiéndose en un instrumento simbólico en el mundo de las transacciones. La impresión del papel moneda, inclusive, es más costosa que el valor de aquello que ya no cubre ni el precio del papel en el que está impreso. 

Los salarios en bolívares, unilateralmente conducidos desde las instancias públicas en atención a propósitos populistas, no han hecho más que potenciar la dislocada inflación que se hizo presente desde comienzos de los ochenta, hasta llegar a lo que es hoy: la más elevada del mundo; dueña absoluta del más inexplicable empobrecimiento colectivo del Continente. 

Ni qué decir de lo que ha sucedido con el único producto de exportación, el petróleo. No alarma solamente el hecho de que la producción es un proceso en degradación y reducción continua. También que la otrora emblemática industria petrolera venezolana, por su eficiencia y acertada conducción gerencial, hoy sólo tiene un elemento a su favor que le distingue en el mundo de los negocios petroleros: alguna vez fue un ejemplo positivo. Porque hoy no pasa de ser más que la referencia de un hermoso recuerdo empresarial, literalmente destruida en apenas dos décadas. 

Las reservas internacionales de la nación, por su parte, ahora necesitan ser “engordadas” con el oro que genera cierta actividad minera. Porque están en el peor nivel de los últimos 40 años, y de muy poco sirven para desarrollar alguna mínima maniobra gerencial dirigida a hacerle frente a las obligaciones de pagos y renegociaciones, después que el Gobierno de los Estados Unidos adoptara medidas limitantes del aprovechamiento de condiciones de financiamiento a nivel internacional. Ante este cuadro adverso, avanza el país hacia los últimos cuatro meses del 2017. Pero la inquietud general se posa sobre una interrogante que sigue sin respuesta: ¿ Y quién va a resolver esto?. Pero, además, ¿con base en qué estrategias?. Porque lo que se percibe, dentro y fuera del territorio nacional, es que aquellos que alegan ser expresión de un liderazgo cuasi salvador insisten en mantenerse en trincheras, desatendiendo la responsabilidad de ser precisamente conductores de entendimientos y promotores de soluciones. 



Lo que han dicho las encuestas, es que más del 80% de los venezolanos quiere, se anota a favor de dicha posibilidad y respalda soluciones pacíficas, no violentas. Y, en respuesta precisamente a dicha inclinación mayoritaria, hoy no queda otra alternativa que exigirles a los líderes del Gobierno como a los de los grupos opositores organizados, que depongan actitudes de inflexibilidad y de odio. Asimismo, que aparten los sentimientos personales, que, con o sin intermediación de mediadores externos, se atrevan a acordar una tregua y una ruta positiva para el país y sus ciudadanos. 

Con la seriedad que implica el ejercicio de liderazgo, indistintamente del lugar donde se ubiquen los actores de dicho proceso, y el compromiso de asumir gallardamente, por sobre los radicalismos y los fundamentalismos grupales, hay que impedir que las confrontaciones y las presiones internas y externas terminen abortando las posibilidades de que haya soluciones, y no se haga presente un escenario generador de graves consecuencias. 

Por supuesto, de lo que se trata es de permitir -y de contribuir- con el funcionamiento de la política, del arte del entendimiento a partir del uso acertado de la inteligencia y de la voluntad de servir, en favor de la mayoría que sigue convencida de que aquí la Democracia no ha sido borrada ni sepultada. Y que, por el contrario, continúa siendo la única garantía para alcanzar una solución pacífica, conciliatoria y participativa. 

Asimismo, el Gobierno, que hoy insiste en reclamar espacios políticos de participación que ha perdido por su propio mal desempeño, tiene que deponer su ya agotada y costosa actitud hostil; incluso aceptar que su jugada de imponer la Asamblea Comunal uní-partidista e inquisidora, más que beneficios, se le ha convertido en un indetenible desagüe de esfuerzos organizativos, quizás hasta plantear la justificación de la necesaria desaparición de semejante error político. 

Tienen que construirse formas de entendimiento, incluso para llamar a consulta al poder originario; para convocar a elecciones plurales y ciudadanas. Hasta concluir en la elección de una legítima Asamblea Nacional Constituyente, sin representaciones sectoriales, contando con la fiscalización en el proceso de la Organización de Estados Americanos y la propia organización de las Naciones Unidas.


De lo que se trata, en fin, es de facilitar las condiciones necesarias para que concurran los ciudadanos con postulación individual, y que tanto el oficialismo como las expresiones opositoras conquisten la representación que les corresponda, de acuerdo a los votos obtenidos y sin ventajismo. Luego de nombrada y conformada la Asamblea Nacional Constituyente legítimamente electa, proceder a reformular, desde sus bases, la vigente Constitución y a elaborar un proyecto país de fiel cumplimiento para los elegidos. Hasta concluir en un llamado a unas elecciones generales, igualmente supervisadas y confiables, donde sean seleccionados los candidatos. 

Esta propuesta no es nueva. La Alianza Nacional Constituyente, que no opera como organización partidista, contando con la colaboración de muchos ciudadanos a nivel nacional y con representación en todo el país, viene proponiendo esta ruta desde hace diez años. Y, además, con base en esa consulta y durante ese lapso, elaboró un Proyecto País que sólo pretende su pacificación y lanzarlo por la vía del desarrollo. Mejor dicho, convertir a Venezuela en un país del primer mundo, libre y democrático. 

Este Proyecto ha sido ofrecido para su correspondiente revisión y perfectibilidad, a cargo de las partes en disputa o, en su defecto, bajo la responsabilidad de la Asamblea que resulte electa. 

Seguramente, cuando el Libertador Simón Bolívar dijo: " Mis últimos votos son por la felicidad de mi Patria. Y si mi muerte contribuye a que cesen los partidos y se consolide la unión, yo bajaré tranquilo al sepulcro", quizás, con su mente prodigiosa y visionaria, vio venir esta terrible situación de hoy. 

Venezuela es un país beneficiado por la naturaleza. Que dispone de recursos convertidos en ventajas competitivas y comparativas. Eso incluye, además, clima, tierras fértiles y recursos naturales en abundancia, desde luego, codiciados por otros países. Sería un error imperdonable que, por ceguera histórica, rencores grupales, ambiciones individuales e ignorancia estratégica, se contribuya precisamente a facilitar arrebatos de dichas ventajas, la destrucción de la hermandad venezolana, y el despojo“de esta tierra bendita que Dios, nuestro Señor, nos dejó como legado”. 

Egildo Luján Nava  @egildolujan
Coordinador Nacional de Independientes Por el Progreso (IPP)

“Las imágenes que salen en la portada, no son de responsabilidad del autor del escrito”
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