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¡YANKEE GO HOME!


Llueve... pero escampa
¡Yankee go home!

En Latinoamérica es muy común denigrar de cualquier cosa que venga de los Estados Unidos de América, en especial si los críticos provienen de esa izquierda trasnochada que perennemente los acusa de todas nuestras desgracias, de todas nuestras desventuras y de nuestro precario desarrollo. “Las venas abiertas de America Latina”, ese seudobíblico texto comunista que escribiese Eduardo Galeano, fue utilizado por muchas generaciones para justificar un odio, que en algunos casos se volvió irracional, contra los norteamericanos y sirvió para aseverar que cualquier acción venida desde el perverso imperio solo buscaba apoderarse de nuestras riquezas.

Por eso es que todos los dictadorzuelos de nuevo cuño que aún pululan en nuestro continente, en especial los que hemos tenido en Venezuela (Chávez y Maduro), les ha gustado amenazar, vociferar y gritar en contra de los yanquis; mostrar los dientes, gruñir y ladrar contra los presidentes norteamericanos para luego mover el rabo suplicándole por una reunión que los inserte en el contexto mundial, clamar porque les atiendan una llamadita que les lave la cara de dictador y pescuecear por fotografiarse con el gringo de turno que ha estado alojado en la Casa Blanca (ubicada en Washington y no en Nueva York como señaló el orate hijo de Nicolás Maduro) sin importar si se trataba de Bill Clinton, George W. Bush, Barack Obama o Donald Trump.

El dictador Nicolás

Son los mismos que ven con malos ojos que los Estados Unidos ataquen al Daesh pero les parece bien que ellos ejecuten ataques terroristas; son los que creen que Corea del Norte tiene el soberano derecho de amenazar a occidente con misiles pero rechazan cualquier acción para controlar los desafueros de Kim Jong-Un y son los que se encolerizan ante cualquier declaración de Trump pero se embelesan con las intromisiones de Castro.

Nicolás Maduro ha violado los derechos humanos de manera sistemática para exterminar a quienes piensan distinto (según expertos de la ONU); eliminó la separación de poderes con el auxilio de unos abyectos magistrados del TSJ y lo poco que quedaba lo subordinó a una ilegal, ilegítima e írrita Asamblea Constituyente cuya única finalidad ha sido la de fungir de Espada de Damocles contra la disidencia opositora porque el convocante ni siquiera un proyecto de constitución, eso que llaman papel de trabajo, presentó y entregó el control de puertos, aeropuertos, aduanas, migración, registros y notarías a los cubanos y además se supeditó toda decisión militar a la aprobación de comisarios castrenses de la isla.



Ante ese panorama la oposición envió emisarios (porque supuestamente estamos en un contexto globalizado) a alertar sobre la crisis humanitaria que estábamos viviendo, sobre la violación sistemática de derechos humanos, sobre cómo los militares venezolanos (confabulados con grupos paramilitares) atacaban manifestaciones pacíficas, sobre cómo el CNE había vulnerado el sufragio mediante fraudes continuados, lo que conllevó que luego de años, en que no se oía otra voz distinta a la petrochequera chavista, en que el régimen había construido la matriz de que se trataba de una oposición golpista y que la autodeterminación servía para apañar cualquier desafuero, los gobiernos del mundo catalogaron a Nicolás Maduro como lo que es: un dictador.

Bolívar y Churchill go home

Por eso Trump señaló que no descartaba acciones, incluso la militar, para devolver el orden a un país subyugado, invadido por otro nación, rematado a los rusos y a los chinos, en que los militares se han puesto al servicio de una parcialidad política, en que se violan los derechos humanos y que sus ciudadanos son tratados como piltrafas.

Ante esa declaración surgieron voces oficialistas (es lógico) y opositoras (¿Será que lo de las denuncias era una excusa para hacer turismo?) rechazándolas por insolentes y se desempolvaron la onanística frase que “nuestros problemas los resolvemos nosotros”, alternada con el grito ¡Yankee go home! sin importar cuan tiranizados estamos.

Imagínense que sí cuando Bolívar salió de Venezuela a liberar a Colombia, Ecuador y Perú se hubiese encontrado a unos cuantos desaforados gritándole “Bolívar go home” o que a Churchill lo hubiesen recibido los partidarios de Petain, en 1940, con pancartas que dijeran “Churchill go home”, de seguro España seguiría con colonias en América y aún estaríamos subyugados por el III Reich, pero la historia es otra.

Llueve... pero escampa

Por Miguel Yilales  @yilales
“Las imagenes que salen en la portada, no son de responsabilidad del autor del escrito”
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