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WUILLY, EL VIOLINISTA Y SU NOVIA LA FLAUTISTA


Wuilly, el violinista y su novia la flautista

¿Quien genera una imagen mas poderosa, el que fusil en mano asalta un cuartel, o el que se para con un violín ante las tanquetas que vomitan fuego? En este caso, para el tirano el enemigo más poderoso y que no han podido vencer es el muchacho que los ha enfrentado con asombrosa persistencia solo con su violincito barato sin que lo amilane la ferocidad de la jauría que lo golpea. Él se cae, sangra, y balbuceando con sus labios partidos, con un hilo de voz una y otra vez repite “seguiré luchando con mi violín”. Ellos no entienden cómo este imberbe sigue allí, ni cómo es que después que una y otra vez le rompen su violín de inmediato vuelve y sigue tocando con uno nuevo, es el secreto de Wuilly, es que su violín, como su determinación, se reproduce, es mágico porque es producto de un sueño de libertad, ese mismo sueño que hizo a Bolívar cruzar a caballo la Cordillera de los Andes para liberar naciones.


A Wuilly una y otra vez lo han apaleado, pero su insistencia los venció, su determinación fue más fuerte que la barbarie represiva. Ahora se lo llevaron preso, lo tuvieron incomunicado, le hicieron un acta acusatoria bajo el cargo de “tocar un violín con el que da ánimo a los terroristas”, ridícula tipificación del nuevo Código Penal de los jurisprudentes de la dictadura. Se sabe que a escondidas lo llevaron ante un juez, o de alguien a quien pusieron allí usurpando esa función; y el otro usurpador, el pretendido fiscal libanés quien antes dijo no tener tripas para eso, en vez de condenar semejante horror y exigir su inmediata libertad lo que hizo fue plegarse al mismo pidiendo que a Wuilly lo mantengan privado de libertad pero en su casa, con un grillete para que no pueda regresar a las calles a pararse frente a los tanques tocando el violín.

Una famosa película de los años 70 “Fiddler on the roof” (El violinista sobre el tejado) trata sobre el poder de las tradiciones que es lo que explicaba la imagen de un hombre montado en un tejado tocando el violín y nadie sabía explicar el porqué de aquella cosa según la cual el hombre tenía que concentrarse en dos actos muy difíciles de ejecutar a la vez, hacer música y mantener el equilibrio para no caerse. Ese es Wuilly, de quien la dictadura no se explica cómo puede enfrentar tiros y bombas, golpizas y prisiones y seguir tocando el violín, pero la respuesta es muy simple, es la tradición libertaria venezolana, eso es lo que mantiene a Wuilly luchando así, tocando el violín mientras enfrenta a la dictadura disparándole los mismos dardos que al pentagrama le puso el maestro Pedro Elías Gutiérrez proclamandonos ser hermanos de la espuma, de las garzas de las rosas y del sol.


Y ahora, para terror de los demonios, Wuilly tiene una novia, una muchachita que toca la flauta y por allí anda musicalizando los mismos compases del indomable violín.

Carlos Ramírez López -  Dr. Ley -  @carlosramirezl3 
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