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EL PODER DEL MAL


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El poder del mal

Una mala causa será defendida siempre con malos medios y por hombres malos.” Thomas Paine (1737-1809), político y publicista estadounidense.

Siete a diez niños mueren semanalmente de desnutrición en los hospitales venezolanos, dice la Sociedad Venezolana de Pediatría. Los padres tienen que sabanear las vacunas BCG y casi siempre la colocan con retardo. Solo tres máquinas de radioterapia funcionan en los centros asistenciales públicos. En el “JM De Los Ríos” los niños mueren de enfermedades terminales, sin tratamiento adecuado, sin los exámenes adecuados: las máquinas están dañadas, no hay reactivos ni medicamentos. No hay ni comida para los pequeños enfermos. Durante 2016 se registraron 110 casos de desnutrición severa sólo en ese hospital infantil caraqueño.

Han retornado con fuerza enfermedades como el paludismo, la difteria, la malaria, el sarampión. Los enfermos que requieren tratamientos continuos (VIH, leucemia, trasplantados, cáncer) ya no reciben medicamentos de alto costo del IVSS o se los distribuyen irregularmente. Los hospitales y hasta las clínicas, han dejado de hacer cirugías selectivas, para operar sólo emergencias, por carencias de equipos en quirófano, falta de oxígeno, de aire acondicionado, de uniformes quirúrgicos, hasta de guantes y jabón para las manos. Las estructuras hospitalarias dan lástima, la inseguridad mantienen aterrorizados a médicos, enfermeras, visitantes, enfermos y familiares. Médicos han sido heridos o amenazados por pandilleros que penetran armados a las emergencias o a los quirófanos para matar allí mismo a un malandro o para exigir a mano armada su salvación.

Solo un gobierno con mucha maldad y poca humanidad puede permitir tanto dolor y no hacer nada.
Los laboratorios médicos, carentes de divisas para insumos y presionados por un gobierno que regula sus precios, se han marchado de Venezuela, lo cual puso en manos de los corruptos la importación de medicinas con dólares preferenciales para venderlas a precios exorbitantes. Aún con el negocio en sus manos, el gobierno importó 39% menos medicinas entre 2013 y 2015, según cifras reveladas por la ONU. Los pacientes gastan tiempo y dinero tratando de conseguir el medicamento que los aliviara.

Morirse es terrible en Venezuela, aparte del hecho mismo, porque es un gran dolor para los familiares tener que “congelar” literalmente al difunto hasta que le toque su turno de unas horas de velatorio en las pocas funerarias que quedan. Los precios de los servicios fúnebres, urnas y espacios en los cementerios, son de muerte, literalmente. Si optan por cremar, es otra cola, porque los hornos suelen dañarse o carecer de gas.
Hablando de gas, nos acordamos que el finado comandante ofreció a su amigo Kirchner que atravesaría toda la selva amazónica para llegar con un gasoducto hasta Argentina. “Somos potencia gasífera”, le gustaba decir. Pues esta potencia gasífera dejo a medias el proyecto Mariscal de Ayacucho en el Golfo de Paria y jamás comenzó, no digo el gasoducto, ni siquiera han podido suministrar gas doméstico para que las amas de casa no tengan que comprar hornillas eléctricas o leña para ahumarse cocinando, porque desde hace meses no hay gas ni para llenar las bombonitas, que los bachaqueros venden a un precio veinte veces mayor al regulado o pagar un camión a 250.000 bolívares para que el condominio no se quede sin gas.

El transporte público es un karma, paran por batería, por cauchos, por cualquier repuesto. El mercado negro goza mientras las plantas productoras de esos insumos permanecen cerradas. Hay que pagar el precio de lo importado, cuyo negocio es siempre de un enchufado que compra a dólares preferenciales afuera para venderlo acá como si lo hubiera comprado a dólar negro. No hay vehículos nuevos, los viejos son vendidos a precios asombrosos, mientras las plantas ensambladoras están cerradas, sin divisas y cercadas judicialmente. Los famosos autobuses rojos poco sirven a la comunidad porque son utilizados para movilizar a afectos u obligados del régimen a las continuas marchas y manifestaciones contra la oposición.


El desabastecimiento es un asunto criminal: ahorcar la producción para importar comida, triangulando con Cuba, ganando millonarias comisiones. Expropiar tierras e industrias para abandonarlas o hacerlas improductivas, acosar a los productores, aplicar un esquema de precios justos, multar a los negocios, encarcelar comerciantes. Política de muerte a la producción y a los productores, quiebra del comercio, produce escasez, colas y por supuesto hambre. En los últimos dos años el 93% de los venezolanos ha perdió entre 9 y 20 kilos de peso. El hambre se ve en las calles, personas pidiendo comida, escarbando en la basura, deambulando empobrecidos.

La nefasta política económica ha acabado con la clase media. Las propiedades en un país con tal convulsión social no valen nada. El turismo agoniza aferrado solo a la belleza natural. Carreteras pésimas, ferrys accidentados, hoteles deteriorados, precios inalcanzables. Y estamos viendo la retirada masiva de las líneas aéreas. En tres años 10 aerolíneas internacionales han suspendido su servicio a Venezuela. El gobierno jamás ha honrado el convenio cambiario y dejo de pagar desde el 2013, les adeuda alrededor de 4.000 millones de dólares. De 34 vuelos internacionales semanales que había en el 2015, van quedando apenas 11. Y las líneas nacionales por el mismo camino, sin aviones y repuestos. Aeropostal, línea decana del país con tradición de 88 años, dejó de volar esta semana.


Por doquiera que usted se asome en Venezuela, hay una tragedia humana, obras públicas abandonadas, colapso de servicios, una carencia total de bienes elementales como una crema dental o un jabón. Entonces, ¿cómo no van a querer los venezolanos cambiar a este mal gobierno cuyo signo es la miseria? Ante las exigencias de calidad de vida, de seguridad, de estabilidad económica que sin duda no va a satisfacer un gobierno que tienen 18 fracasando en cumplirlas, al ciudadano se le burla e irrespeta con respuestas como negar una crisis humanitaria y no hacer nada por mitigarla, bloquear o manipular elecciones, tratar de imponerse con un fraude constituyente, atornillarse apoyado en una casta militar que el país, igual que Bolívar, maldice.

El gobierno solo sabe perseguir, chantajear, extorsionar, para continuar al mando. Sabe que espontáneamente muy pocos votarían por él. Por eso insulta, golpea, dispara, encarcela, allana, tortura, detiene, desaparece (remember Baduel). Más de 600 presos políticos, dos millones de exiliados, más de 500.000 muertes por violencia o mengua, el país en bancarrota, los venezolanos depauperados, la constitución pisoteada. La miseria tiene culpables. Ya el mundo entero condena a un régimen maligno que trata de imponerse por la fuerza a un pueblo que exige libertad. Le dicen “dictadura” y tiene un protagonista histórico: se llama maldad. Y sólo Dios, un pueblo con fe y una pequeña ayuda de sus amigos, la vence.

Charito Rojas @charitorojasp
Charitorojas2010@hotmail.com
“Las imagenes que salen en la portada, no son de responsabilidad del autor del escrito”
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