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ASPIRINAS PARA UN CÁNCER


Aspirinas para un cáncer

En medio de los estertores de la economía, Santos le ofrece en la Asamblea de la Andi dos aspirinas: una como para llorar, y otra, para morirse de la risa

La economía colombiana sufre de cáncer terminal. Y el médico que la atiende le receta un par de aspirinas.

Tiene cáncer la economía que creció en el 2015 el 3 %, el 1,8 % en el 2016 y el 1 % en la mitad del 2017. Colombia no puede crecer menos del 4,5 % anual. Por debajo de esa cifra se muere. Como se está muriendo..

Tiene cáncer una economía que lleva a cuestas la cruz de un déficit fiscal que para este año vale 35 billones de pesos. Imposible caminar con esa carga encima.

Tiene cáncer una economía que padece un déficit pensional de más de cuarenta billones de pesos anuales de costo.

Para solventar esos faltantes y para robar a discreción han endeudado el Estado hasta la friolera de 487 billones de pesos. La deuda externa alcanza los setenta mil millones de dólares y para servirla hay que desembolsar cincuenta billones de pesos anuales. Es un cáncer terminal.
La industria no podría crecer menos del 6 % 0 7 % anual. Está cayendo en términos absolutos. Eso es desempleo, competitividad en ruinas, atraso tecnológico irreparable. Las cifras manipuladas mostraron cierto desahogo con la entrada en producción de la Refinería de Cartagena. El desplome ya se comió esa producción excepcional. Fabricato tuvo que parar su producción, Argos vio caer sus utilidades en el 85 % y la lista de desventuras sería interminable.

El comercio no vende, porque se le ahogaron sus compradores. La gente no tiene con qué comprar comida, ni ropa, ni zapatos. No quieren decirlo, pero caen hasta las ventas de cerveza y gaseosas, las bebidas del pueblo.



La cartera vencida en poder de los bancos se reconoce en 17,7 billones de pesos, después de todas las maromas para negociarla y refinanciarla. Por primera vez en muchos años caen las utilidades de los bancos y revelan pérdidas las compañías de financiamiento, que es por donde siempre empiezan las grandes crisis.

Estamos exportando lo que hace 60 años nos mantenía: petróleo y café. Pero arruinamos la industria petrolera. En este año no se ha practicado una hectárea de sísmica, condición para que haya exploración y para que sean posibles los nuevos hallazgos. Los oleoductos vuelan en pedazos o los perforan para robarlos y procesar cocaína; las comunidades resuelven, en consultas malditas, que no aceptan taladros; otros, también movidos por la guerrilla que supuestamente no existe, invaden los centros de producción. En total hemos perdido el 15 % del crudo, 150 000 barriles por día.

La minería legal está siendo borrada del mapa. O la prohíben las consultas  o la despedazan los mineros delincuentes, como en Segovia y Remedios. El 90 % de las exportaciones de oro de Colombia tiene origen criminal.

El tipo de cambio está sobrevaluado. Las mil toneladas métricas de cocaína que producimos para que Santos y las Farc vivan en buena paz y compaña se dejan sentir en muchas regiones. Ahí está la clave de los empleos del Dane, del dólar barato y también del contrabando y de toda la enorme economía sumergida, que es la parte más azarosa del cáncer que nos aflige.

Las cifras que salen a la luz, ocultan la tragedia de un pueblo miserable. El 32 % de las familias colombianas no satisface sus necesidades básicas, según el Dane. En términos menos sofisticados decimos que tiene hambre. La mitad de los empleos registrados son “informales”, lo que significa que la mitad de los empleados vive, si eso es vivir, del llamado rebusque, que es el heroísmo de la supervivencia. Padecemos el mayor desempleo juvenil de América y los alimentos no suben de precio porque no hay compradores.

En medio de este desolador panorama aparece Santos en Cartagena, invitado por su empleado mejor pago, el presidente de la Andi, anunciando sus medidas para recuperar el ritmo económico. Son las aspirinas para el paciente moribundo.

La primera es para llorar. En adelante no se calculará la tasa de usura cada tres meses, sino cada mes. Haciendo cuentas, la tasa de interés bancario, con inflación del 4 % anual, bajará el 0,75 % sobre el 32 % que ahora se paga. Fuera de lo torpe y antitécnico de la medida, los deudores insolventes, los que están comprando mercado difiriendo el pago de la tarjeta a 12 meses, los que la pagan con los avances de las otras dirán “¡qué alivio!”

La segunda aspirina es para morirse de la risa. El Gobierno rebaja los aranceles de bienes de capital y de materias primas, para abaratar los costos de producción de industrias quebradas, que compiten con los contrabandistas de las Farc. ¡La competencia que les montó Santos!

En los estertores de la agonía más dolorosa, al enfermo le ofrecen dos aspirinas. No le quitan un ápice de dolor, pero le producen incómoda acidez estomacal. Y que se muere, se muere.

Fernando Londoño Hoyos  @horadelaverdad
“Las imagenes que salen en la portada, no son de responsabilidad del autor del escrito”
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