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NO NOS SIRVE LA CORTE PENAL INTERNACIONAL


No nos sirve la Corte Penal Internacional, que hacemos?

Después que en los tres artículos anteriores pusimos al descubierto la ineficacia de la CPI en el caso venezolano es necesario plantear alternativas a la necesidad de justicia por la que clama nuestra tragedia, no podemos quedarnos en la denuncia. 

Bajo la ilusión de la actuación de la Corte Penal Internacional los venezolanos estábamos pensando en dos etapas diferentes para enfrentar legalmente a la dictadura; la primera para ahora mismo y es que con todas esas denuncias que se han llevado a La Haya creíamos que aún estando ellos en el poder se les abriría un proceso judicial de efectos intercontinentales que les acorralaría cerrándoles puertas por todas partes y aceleraría su caída. La otra etapa que acariciábamos era que se les juzgara en aquel país lejano y extraño donde se les condenara y se les hiciera cumplir sus condenas. Ya sabemos que eso era una pompa de jabón, entonces ¿qué podemos hacer? 

En todo el mundo se sabe lo que está ocurriendo en Venezuela y la repulsa es general, pero es una actividad fundamental recoger todo ese sentimiento para darle forma material y usarlo en función de tumbar la dictadura, hilvanar un tejido consistente que no se frustre, como ocurre en el caso de la OEA por los votos de unas islas compradas por Maduro. La administración norteamericana puede hacer algo más efectivo que decir una que otra frase de condena al régimen. Francia, Alemania, España, Italia y otros podrían firmar una presentación del caso por ante el Consejo de Seguridad y hasta en la Asamblea General de la ONU, pero todo eso no podemos lograrlo solo con los esfuerzos de los diputados Luis Florido y William Dávila saliendo sudorosos en carrera a pie por la frontera a Cúcuta para tomar un vuelo a Washington y participar en un evento terminado el cual corren a regresarse por San Antonio porque tienen que participar en marchas en Cabudare y en Mucuchíes, nó! Hay que ir mucho más allá, y podemos ir mucho más allá. 

La Asamblea Nacional, a través de su Comisión Permanente de Política Exterior puede y debe formar una Oficina Ejecutiva que se instale fija en Washington y/o en New York sedes de la OEA y de la ONU desde donde despachen todas las actividades necesarias, pueden formar y acreditar un Cuerpo Diplomático con tanta gente calificada que en ese campo tenemos y que andan rodando por el mundo sin metas ni actividades fijas. Se puede pedir y obtener el reconocimiento formal y la colaboración de muchos gobiernos para esto, nada se opone a ello, no hay norma legal que lo prohiba, nuestro Parlamento mantiene relaciones internacionales con sus pares en otros paises y por eso puede tener funcionarios que ejecuten tales actividades. Hay que aprovechar al máximo nuestros recursos humanos y políticos, eso es para ahora mismo, sin tardanzas. 


En cuanto a la etapa posterior a la caída del régimen debemos pensar en formar una estructura jurídica que nos permita ensamblar con una nueva organización democrática y dar respuesta a las necesidades de justicia de los venezolanos en el campo penal y en el campo civil. Hay que devolver las propiedades confiscadas, hay que juzgar penalmente a los actores de la dictadura, hay que reparar a las víctimas. Nada de eso podremos hacerlo con el aparato judicial destruido que nos están dejando y que hay que reorganizar totalmente pues el desastre tanto legislativo como organizacional que esta gente ha realizado es terrible por lo que será tarea de primer orden rehacerlo todo y mientras eso se hace, que no será de un dia para otro, deberemos formar un Alto Tribunal de Justicia Transicional, que llene el vacío institucional entre la dictadura que se extingue y el retorno a la democracia, un tribunal que ha de crearse bajo un Estatuto Especial Transitorio donde se especifiquen los tipos delictivos y el procedimiento para encauzarlos, un tribunal con jurisdicción universal, que nos permita juzgar, perseguir y poner en Venezuela para que cumplan condena a toda persona involucrada en estos crímenes, estén donde estén, igualmente haremos con todos los dineros que nos han robado. Cero impunidad. 

Por solo referirme a uno de los muchos temas que el planteamiento anterior conlleva, traigo a colación el del necesario juzgamiento a los incursos en la matanza de jóvenes, en las torturas de esas prisiones infernales, en el destrozo de propiedades ¿qué merecen los autores materiales e intelectuales de semejantes atrocidades? ¿qué les juzguemos con estos tribunales y con las leyes actuales? de ninguna manera, tendremos que seguir el modelo del Tribunal Penal de Núremberg que en un año juzgó, sentenció y ejecutó las condenas a los jerarcas nazis, procedimiento que fue el que sirvió de guia a la creación de esa Corte Penal Internacional de La Haya que ha desfigurado el sentido de justicia que privó para su creación al desentenderse de nuestra tragedia y tirar a la basura tantas denuncias sangrantes que se le han llevado y que el fiscal que allá las tuvo calificó como “peleas callejeras”. 

En Venezuela se necesita justicia más que pan, no la iremos a buscar en aquel frío y lejano lugar de los confines de Europa, eso tendremos que hacerlo nosotros mismos en nuestro territorio y con nuestros propios jueces. 

Carlos Ramírez López @carlosramirezl3  Dr. Ley

Enlace al anterior escrito sobre la Corte Penal Internacional, pulsando en la imagen

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