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¿ES DE IZQUIERDAS EL RÉGIMEN DE NICOLÁS MADURO?

¿ES DE IZQUIERDAS EL RÉGIMEN DE NICOLÁS MADURO?

En este mundo donde reina la confusión ideológica y política, donde domina la posverdad, que es una suerte de realidad virtual donde nos creemos lo que vivimos aunque sea una farsa porque simplemente nos conviene y tiene apariencia de verdad, las fronteras entre la derecha y la izquierda parecen haber desaparecido. Y los discursos entre ambas orillas políticas se entremezclan en una suerte de megacaos léxico en el que aparecen indistinguibles las ideologías, credos o doctrinas políticas.

Por otra parte, el superávit de información no nos permite –la mayor parte de las veces- distinguir entre lo que realmente está pasando o lo que queremos creer que está pasando; son tales las dosis de información que tenemos sobre cada asunto, como por ejemplo la crisis de Venezuela, que para un neófito tal volumen de noticias no le permite cualificar ni cuantificar la verdadera dimensión de lo que está ocurriendo, de lo que está aconteciendo minuto a minuto en las calles de Caracas, donde se está gestando, quizá sin saberlo, una de las primeras grandes revueltas cívicas del siglo XXI. Eso sí, sin que la izquierda se dé por enterada, haga la vista gorda ante la brutal represión del sátrapa de Caracas y prefiera mirar para otro lado. Cínicos movidos por un integrismo ideológico sin cortapisas morales.


Los fanáticos de izquierda, que como todos los fanáticos defienden lo imposible aunque se estén clavando con sus palabras las puntillas de su propio ataúd político –como es el caso claro y notorio de Pablo Iglesias, el inefable e hipócrita líder del movimiento populista, demagogo y proiraní Podemos-, viven en otro mundo, en el suyo, claro, y para ellos todo vale, aunque el coste sean centenares de muertos y el hambre de todo un pueblo, en aras de justificar su demagógica creencia de que el fin justifica los medios si sirve a su miserable causa.

Sin embargo, nunca en la historia reciente la izquierda –y me refiero a la de todos los continentes, pero sobre todo a los cretinos de Europa y las Américas- había estado tan sumida en la confusión y el desconcierto, la estupidez manifiesta y la evidente mala fe. El régimen venezolano no es de izquierdas por mucho que se le mire. No lo es en su discurso, que bebe del léxico, las ideas, el pensamiento, la estrategia teórica planteada y las ideas originarias del movimiento fascista y tampoco lo es en su praxis política, quinta esencia básica y primitiva que imita a la perfección a los regímenes fascistas (ya fenecidos, por suerte) del siglo XX. En definitiva, el chavismo no ha inventado nada nuevo y a sus orígenes me remito.


En primer lugar, el fundador del régimen, Hugo Chávez, no es un hombre que tenga orígenes de izquierda, sino más bien lo contrario: fue un militar, golpista para más señas de identidad, que intentó derribar a la institucionalidad democrática en 1992 y fracasó. Nunca tuvo en su mente, como  Hilter de sus orígenes, que también intentó derribar a la democracia en 1923 con terroristas de la extrema derecha y también naufragó, organizar un movimiento político y presentarse a unas elecciones libres. Mas bien lo contrario: desde sus orígenes siempre planteó como idea fuerza de su corpus político el hacerse con el poder por la violencia y desde ahí, desde el acceso al gobierno por la vía militar, fundar régimen y sentar, quizá para siempre dejando a un lado la mascarada democrática que más tarde utilizó para calmar a las almas más sensibles, las bases para un dictadura militar eterna al estilo de la siempre admirada satrapía cubana.

Luego, y en segundo lugar, pero no menos importante, Las ideas de Chávez no eran nada nuevas, sino que venían importadas, más concretamente de la Argentina peronista y tenían nombre y apellidos: Noberto Ceresole. Este ex militar, nacionalsocialista, estalinista, antisemita, simpatizante del terrorismo palestino y de los Montoneros, quiso hacer sus contribuciones ideológicas a la causa peronista y bocetó una serie de ideas sobre un régimen que debía de ser capaz de fusionar al pueblo, el ejército, el partido y al gobierno de las masas en una sola entidad política.

Chávez, siempre muy pobre en términos ideológicos y con una escasa formación política en sus orígenes, contrató a Ceresole y le convirtió, salvando las distancias, en una suerte de Rasputín caribeño, un oráculo de Delfos donde el máximo líder se nutría de ideas (descabelladas), propuestas (absurdas casi siempre), proyectos (imposibles de cumplir) y misiones (estúpidas). El resultado a la vista está: el país es un desastre total.

Pero las relaciones entre ambos, a medida que la megalomanía de Chávez se acrecentaba y Ceresole iba perdiendo peso en la corte del gorila izquierdista –una suerte de camarote de los hermanos Marx pero plagada de oportunistas, narcotraficantes, vulgares rufianes y ladrones, asesinos de la peor especie y traficantes de armas-, se fueron estropeando y el matrimonio de conveniencia, como era de esperar en ese mundo surrealista y absurdo, se rompió y desembocó en un tragicómico divorcio. Ceresole, que era un impresentable ya sin predicamento siquiera en la Argentina montonera y carroñera, se marchó con el cuento a otra parte, mientras que Chávez se quedó en Caracas esperando a los monaguillos de lo que algún día sería Podemos. De Ceresole a Monedero y tiró porque me toca.

La guinda de la tarta a este verdadero Big Bang ideológico del régimen la ha puesto el heredero designado por Chávez antes de irse de este mundo, Nicolás Maduro, descubridor reciente de un quinto punto cardinal y personaje absurdo, ridículo y cómico si no fuera porque se ha convertido en un despiadado déspota, un asesino sin piedad y un narcotraficante de la peor especie. Noriega se le ha quedado corto, ¡pobre Cara de Piña!


LAS IDEAS DE MADURO SON LAS DEL NAZISMO MÁS BRUTAL

Las ideas esbozadas, si es que se las puede llamar así, por este sujeto no son nuevas, sino que se nutren significativamente del fascismo. Por ejemplo, desde hace algún tiempo Maduro viene defendiendo que el pueblo debe armarse para hacer frente al enemigo interior y al exterior, al “imperio” que dice quiere destruir Venezuela para siempre y orquestar un golpe de Estado (imaginario, ¡quién va a querer esa ruina!). Maduro pretende crear una suerte de milicia nacional con la chusma en armas para defender la “revolución” y hacer frente a la “derecha parasitaria”, es decir, para borrar del mapa a todos sus oponentes y detractores. Ya Joseph Goebbels, el ministro de Propaganda de Hitler, quien aborrecía del ejército, abrigó siempre la misma esperanza y era, en su opinión, la única tabla salvadora del Reich que estaba destinado a reinar en Europa por más de mil años.

Precisamente de Goebbels aprendió el elemento más duro, radical y sanguinario del régimen, Diosdado Cabello, la importancia de la utilización de la propaganda y la utilización de la misma para desautorizar, deslegitimar y criminalizar a tus enemigos. Si acabas con tus enemigos mediante la propaganda, incluso mintiendo sin sonrojarte, luego será más fácil encarcelarlos, asesinarlos, torturarlos e incluso obligarles a machar al exilio. Una mentira repetida mil veces equivale a una verdad, llegó a decir Goebbels alguna vez, como ahora piensa Maduro. La oposición, sus líderes, no tienen atributos humanos, son unos traidores a la Patria que se merecen la peor de las suertes, aunque sea en una mazmorra asesinados por los sicarios del régimen.

Finalmente, en este esquema tan primario, básico y primitivo que maneja el régimen, está el discurso amigo-enemigo en donde no quedan espacios intermedios ni lugares para el encuentro o el diálogo para la reconstrucción de la convivencia. La idea, calcada fielmente del fascismo de entreguerras, tiene sus orígenes en el “jurista” Carl Schmitt, uno de los fundadores teóricos de la legitimación del nazismo una vez llegado al poder y que, supuestamente, como millones de alemanes, tampoco supo nada del Holocausto.  Esa idea amigo-enemigo es la que ha llevado a la demonización de una supuesta “derecha parasitaria” o “burquesía repugnante”, que dice el bocazas de Maduro, que es la culpable de todos los males del país y que,  llegado el caso, si las cosas se ponen mal en Venezuela, será borrada de un plumazo, exterminada, para siempre.

¿Nos le recuerda algo este asunto? Es absolutamente el mismo discurso que Hitler ante de la conflagración mundial: si Alemania entra en guerra, por culpa de la “judería internacional”, los judíos serían enviados a los campos de concentración y aniquilados sin piedad, tal como ocurrió. Maduro es un trasunto de Hitler y su régimen, desde luego, no es de izquierdas; tiene más que ver con los regímenes fascistas que con las socialdemocracias europeas. Nada hay en su discurso de izquierda, nada de nada.

Por Ricardo Angoso  @ricardoangoso
ricky.angoso@gmail.com     via blog. Carlos Alberto Montaner
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