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¡LA SEÑORA MARÍA......!


¡LA SEÑORA MARÍA......!

A lo largo de nuestra existencia entre llantos de alegría o tristeza por algún logro bueno o malo, obtenido; entre tropezones, caídas y ponerse de pié nuevamente al tiempo que miramos, con cierta vergüenza, hacia atrás; sacudiéndonos el rabo con las manos llenas del polvo amarillento del camino y expresando a la vez, -¡No me dolió!-, como para que escuche y nos justifiquemos ante "un amigo imaginario y mirador", que nos ha observado en la caída.

Y así, dejando a la vera del trayecto lo que estorba, para continuar la marcha hacia el ocaso de nuestros días, allá, en el final de la tarde donde con la mirada en alto y la sonrisa de triunfo a flor de piel, regresamos nuestra vista con orgullo hacia la mañana de nuestros comienzos por haber llegado con éxito a la meta trazada, a pesar de las dificultades.

Pues bien, te cuento que hay momentos en nuestra vida que pasado el tiempo, vuelven como a repetirse. Van como tomando formas con casos, cosas y personas a semejanzas con episodios en diferentes épocas de nuestra existencia republicana o al revés. Me explico. La vida con el país y el país con la vida.

Es el caso de una vecina del sector que vivió hace mucho tiempo por estos lares y que dejó muchas ronchas y recuerdos a su paso por aquí. Me refiero, y sin ahondar en su vida y milagros, a la Señora María y su relación con Chávez, La Constitución y Maduro.

Corría la década del setenta y, mis padres compraron casa en la naciente Urbanización Satélital de La Isabelica y como ellos, un montón más. Entre ellos, Doña Juanita, vecina en la vereda, a tres casas de la mía, casi a la entrada y en frente con una agradable plazoleta y un poste del alumbrado público que iluminaba en las noches los trasnochos de chistes, de chismes, de besuqueos y manoseos, de estudios y algunas que otras borracheras. Allí estaba nuestra placita frente a una de las más hermosas viviendas de la urbe: "La Casa de Doña Juanita"

Como te venía diciendo, Doña Juanita, tenía una amiga que trajo a vivir con ella. María. Eran panas burdas la dos. Páriba y pábajo, las dos. Hermosuras ambas, con unos cuarenta y cinco años bien conservados y distribuidos en sus cuerpos, en sus caderas, en sus muslos, ¡Ay sus tetas!, y en sus bellos rostros, que a un carajito como yo, de veinte años, le movían el piso y le levantaban el entendimiento más de vez que en cuando. ¡Que vaina pá buena, carajo!



Bueno, a toda estas, Juanita tenía que atender en Guayana su negocio de ropa y comida por allá en Las Minas y tenía que estar presente. No hallaba que hacer con la casa recién adquirida y a la vez atender su comercio. No podía dejar ni uno ni lo otro, solos. Se perdía uno o se perdían los dos. Estaba prohibido, por INAVI, cualquier transacción con la vivienda y Guayana arrojaba pérdidas. Estaba entre la espada y la pared... Y de pronto, milagro. Su amiga, la Señora María se ofreció a sacrificarse en cuidarla, pero con un documento de alquiler firmado entre ellas por un año, a sabiendas que no era válido.

Y se fué Juanita. La vida continuó normal. Inicié mis clases en la Universidad de Carabobo y por las noches estudiaba en la la placita para mis exámenes en mi cómoda silla de extensión, con mis libros de consulta y, mi carpeta de ganchos y cartón piedra. Eso sí, como a las dos de la mañana nunca me faltaba mi tacita de café calientico que Doña María me traía gustosamente.



Chico, no sé como coño, pero al tercer día estaba sacando el Teorema de Pitágora bajo las sábanas y entre las piernas de la Señora María. Cálculos que se extendieron hasta los exámenes finales del semestre arrojando con la cosecha de ir a reparación.

Casi todas las materias aplazadas, más el peo que me formó mi mamá y de paso, con la advertencia y bautizo de mi papá, de -¡Estudias o trabajas cojeculo para mantener a tu anciana mujer, "Tumbavieja"!-, ... Chicopancho, mi padre, era una vaína seria....

Amigo mío, no fue un año la ausencia de Doña Juanita en La Isabelica. Fueron más. Durante ese tiempo aprovechó la Señora María para instalar en la casa a su mamá, la buena de Doña Cleotilde y al respetuoso Don Lisandro Estopiñan, su esposo y padre de su única hija, viejo hacendado Nirgüeño caído en desgracia.

Esa pobre gente, madre, hija y esposo, a mi parecer, creo, que lamentaron haber venido a vivir con ella, desde Nirgua. Ni Doña Cleo ni Don Lisandro podían asomarse a la puerta del porche. Eran maltratados por ella y obligados a entrar al interior de la casa. Les tenía prohibido tratar con los parroquias. No tenía empacho en gritarles y humillarlos delante de los vecinos. También la hija, no tardó en abadonarla ante tanto atropello. Nadie supo nada de Nadia hasta el Sol de hoy. Huyó y se perdió de aquí la muchacha.



Cuando alguien le recriminaba tal actitud para contra los viejos, ella los insultaba, que era un atrevimiento el meterse con sus acciónes y que en "su casa" ella podía hacer lo que le viniera su real gana. Que era una intromisión el criticarla. No pasó mucho tiempo, uno detrás del otro, cuando murieron los dos ancianos. Los enterró y ya. No les hizo funeral. Hoy me hace recordar y realizar un símil con Chávez, la Constitución, los presos políticos y las libertades secuestradas en Venezuela y las relaciones con sus vecinos, por Maduro y su Régimen.

Como te decía la Señora María hacía de las suyas y pasaron varios años desde la partida hacia Bolivar de su nueva mejor amiga. Sólo comunicación telefónica entre ambas. Y de repente, apareció derrotada Doña Juanita y se encontró sin casa y por supuesto, sin aquella amiga, la cual le había quitado la tranquilidad y su vivienda. ¡Vaya usted a saber como!

En el vecindario, la Señora María fue cambiando, luego de la muerte de los viejos y el rompimiento con Doña Juanita. Era libre. Ella mantenía amistad con un selecto círculo de mujeres con los cuales salía a trotar, comprar y gozar de bailes y fiestas. No volvió a tratarme, luego de lo de mis padres.

En una de esas caminatas, la Doña, tropezó y fue a dar con toda su humanidad contra el duro pavimento. La recogieron casi que con pala. La ambulancia la llevó al Hospital Central de Valencia. Se había fracturado la cadera, quedando inmovil hacia abajo. Pasó un buen tiempo en el HCV. Regresó acompañada de una compañera de habitación que conoció en el nosocomio. Las personas que pasabamos por el frente, ya que nadie la iba a visitar, escuchabamos sus lamentos y pedidos de auxilio porque quería salir al porche. Quería tomar aire. El encierro la ahogaba. Gritaba que le habían echo firmar para quitarle la casa. ¡Nadie se va liso, de este mundo, decían algunos! Una mañana apareció una ambulancia del IVSS y desapareció con ella y con la compañera de habitación hacia no se supo donde. Días después aparecía en la puerta de la casa un aviso de "Venta" de una INMOBILIARIA.

Se fué la Señora María como se está yendo el Socialismo del Siglo XXI con todo su grupo de ladrones y asesinos de una casa llamada Venezuela. ¿Quién será su nuevo dueño?

JESÚS FRANCISCO GÓMEZ  @chuitoelderosa 


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