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COSECHANDO TEMPESTADES


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Cosechando tempestades

La violencia es un animal incontrolable que termina atacando a su propio amo”. Renny Yagosesky

El país le explotó en la cara al gobierno. Las bases del desastre venezolano, construidas por el finado comandante, soportan ahora el pesado fardo de errores que en tres años, han acabado hasta con la popularidad del caudillo de Sabaneta. Sus imágenes en murales y afiches son rayadas e insultadas, las estatuas que han erigido por todo el país e plazas, como si se tratase de un prócer, ya son alcanzadas por las llamas de los furiosos y amenazadas con derribarlas. Es el destino de los dictadores, cuando caen, caen también sus estatuas.

Imposible mayor torpeza en el manejo de un país. Cuando Venezuela perdió por la baja petrolera más del 50% de sus ingresos, un gobierno inteligente hubiese girado su foco hacia otros sectores como agricultura, comercio, ganadería, industria y turismo. Lo hicieron, sí, pero no para invertir sino para darle zarpazos mortales a esos sectores, asfixiados por “precios justos”, cargas laborales, impuestos, intervenciones y expropiaciones.

Tres años de errores económicos, de maltrato institucionalizado a los sectores productivos, de corrupción abierta de estamentos cívicos militares que se convirtieron en proveedores de un país cada vez más improductivo, cada vez más pobre, cada vez más agobiado por el hambre y las carencias. La letal combinación de hambre y despojo de libertades fundamentales, condujo a este 92% que las encuestas señalan como el nivel de desaprobación de la gestión Maduro.


Tres años y desperdició su tiempo en bailantas, disparates y estupideces como la de autocalificarse “mariposon”. Completamente sordo al tronar interno del país, no escuchó la primera campanada de alerta. Fue en Villa Rosa, Margarita, cuando una ñera le sonó un sartén en la pata de la oreja al grito de “¡Fuera, fuera!”. Disimuló, mando a meter preso hasta a quienes publicaron la información, envió colectivos a azotar esa comunidad. Pero desechó el mensaje.

Ante las colas insoportables hasta para los suyos, inventó los CLAP, para llevar a la puerta de la casa la comida y tener un arma extra para seguir extorsionando por hambre a los más necesitados. Ni un asomo de “Vamos a estimular la producción”. No, siguió exponiendo al odio público a productores, industriales y comerciantes y sus corruptos se enriquecieron aun más comprando con jugosas comisiones la comida de esas bolsas en el exterior. Sin importarles lo que decía el país, la casta gobernante continuo coleccionando presos políticos, miseria y una sorda arrechera de venezolanos humillados para poder comer, obligados a sacar un carnet de la patria, a marchar para conservar el cargo, frustrados por no poder llevar comida a sus casas, tristes por la separación de hijos y familiares, encerrados por culpa del hampa. Llegó ese temido momento en que el 92% de Venezuela tenía mucho que reclamar. Y decidió hacerlo.

Sin duda el detonante fue político: el desconocimiento de la Asamblea Nacional por parte del TSJ. No podíamos esperar menos del prontuario del flamante presidente de ese organismo. Los diputados tomaron el control de las acciones de protesta; por primera vez la MUD no daba las directrices sino este grupo mayoritariamente joven de legisladores que entendieron que debían organizar protesta regional, no de partidos ni de oposición, sino de venezolanos hartos de su miserable calidad de vida.

La monstruosa convocatoria nacional del 19 de abril fue respondida con una brutal represión que ha sido repicada en todas las manifestaciones posteriores. A perdigonazo limpio, gas del bueno y tiros han sido contenidas estas manifestaciones de protesta. Y no se podía esperar que todos los protestantes siguieran las pautas pacificas de los convocantes: la multitud, la adrenalina, han provocado que algunos aprovecharan para liberar su propia furia, destruyendo bienes públicos, quemando cauchos, levantando alcantarillas y hasta enfrentándose a pedrada limpia.


En tales concentraciones públicas se mezclan personas de todo tipo, clase social, temperamento y fines. Y en los últimos días los colectivos han hecho su amenazante y presencia violencia. La MUD, los diputados, la sociedad civil se deslinda de la violencia, porque ésta menoscaba los objetivos. Pero para ellos es imposible controlar a vándalos e infiltrados y mucho menos a colectivos. Videos en abundancia hay en las redes sobre la actuación de estas bandas armadas que disparan a mansalva. El saldo de 26 muertos y 437 heridos dan cuenta de tal violencia.

La visión simplista del presidente se traduce en burlas, como la del jabón y el muchacho desnudo que enfrento a una tanqueta. Con muertos en la calle, el presidente ofende a los médicos disfrazándose con una bata blanca. Cadenas diarias por cualquier pistolada, silbandito y bailando salsa o rap, videos manejando su automóvil y jueguito de pelota con Diosdado. Todo para mostrar al país que está normal, que el huevazo que le pegaron en San Félix no lo afecto, que el clamor que estremece a Venezuela y que pide su salida, es mentira. Tan mentira como que quiere paz y que el pueblo lo ama.

Error garrafal: con cada marcha, Maduro se debilita. Repite con harta insensatez que los manifestantes son golpistas, fascistas, delincuentes. Acusaciones hasta penales sin prueba alguna. En 18 días el régimen ha detenido a casi 1.400 personas. Diosdado ha exacerbado al máximo con su verbo canalla a una ya enfurecida población. Como dijo una muchacha que enterró su bebé desnutrido: “Lo prefiero, porque yo no puedo alimentarlo”. ¿Qué más puede perder gente así de desesperada? Y Maduro está jugando con la paciencia de ellos.

No hay forma posible de que Venezuela soporte a un régimen tan vil e inepto. Hay una mayoría inocultable a la que se ha querido hambrear, incomunicar, someter. Y ya no permite más ofensas. Las peticiones del liderazgo político de liberar a los presos políticos, respetar a la Asamblea Nacional y realizar elecciones ya las arropa otra: que sean elecciones generales, que Maduro se vaya. Hay la clara percepción de que ninguna petición democrática prosperara mientras este gobierno esté al frente del país.

El hambre no espera, el tiempo opera contra Maduro. ¿Preferirá inmolarse antes que ceder? Sin aceptar ayuda humanitaria ni reconocer a la mayoría, el gobierno tiene sus horas contadas. En el exterior ya comienzan a ofrecer salidas negociadas para evitar esa temida explosión social que ya comienza a bañar de sangre al país. Si ambos lados están resteados en sus posiciones y no se busca una salida, habrá un final catastrófico.

Charito Rojas  @charitorojas

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