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REHENES DE LA REVOLUCIÓN



REHENES DE LA REVOLUCIÓN.

Apropósito de los resultados parciales y lastimosos por lo que atraviesa El Dialogo con la intervención del Vaticano, personajes internacionales y por supuesto la representación gubernamental con su contraparte representada en la MUD, no deja de pasar desapercibida la estigmatización, cada vez más acentuada de los presos políticos y por qué no de todos los venezolanos.

Nuestra idiosincrasia, desde antaño, trae una consigna, formada en una cultura un tanto sofisticada, mientras más corrupto se es, más honores, más prebendas y protección de propios compinches, enquistados en el poder que se colocan a la mano de corruptos y no de cuello blanco, como en la IV república, sino al mejor estilo boli burgués.

No, yo no quiero sueldo: ¡yo quiero que me coloquen donde haiga!

Esa transculturización, endógena, se ha maximizado con la llamada revolución, de hambre para muchos y beneficios lucrativos en exceso y groseramente para pocos.

Si damos una revisión a los trenes ejecutivos que se han sucedido a lo largo de los últimos 18 años, vemos como revolucionarios se colocan de un ministerio a otro, se realizan enroques, cambios, personajes con 3, 4, 5 o más funciones simultaneas ni que decir de la practica perniciosa del nepotismo; que tiene su triste egida en el Estado Barinas, territorio de satrapías a granel, o en la Asamblea Nacional, que se llenó de Flores y no de las de buen olor, sino en plantas carnívoras que arrasan cuanto tengan a su alcance y en la Procuraduría General de la República, gobernaciones, institutos y otros feudos.

¡Entren que caben 100!

Pero al meollo. Mientras los revolucionarios hacen de las suyas con viajes de placer en aviones de PDVSA con su representante visible en la mesa de dialogo, con la famosa cachifa; o el exministro de la petrolera nacional, a quien se le acaba de señalar de ser responsable de una irrisoria, perdida, sustracción, robo, apropiación o como le encaje, de miles de millones de dólares, que se defiende alegando un linchamiento moral en su contra. Pobrecito el niño del pesebre.

O de los acusados de narcotráfico, incluidos los narcos sobrinos con patente de corso, pasaporte diplomático de por medio, o con diputados con impunidad con “p” y ni que decir, de los bayoneteros de oliva, encargados de custodiar Rampa 4, por donde se deslizaron los aviones cargados del oro blanco.

Pero mientras todo eso acontece, existe ya una nueva casta, con caracteres comunes derivados de un mismo tronco: LOS REHENES DE LA REVOLUCIÓN, no sólo representados por los cientos de presos políticos, políticos presos, detenidos, reos, imputados, acusados, sentenciados, su calificación es lo que menos debe preocupar, pues como es sabido con este sistema comunista: preso es preso y su apellido es candado.

Pero no acaba allí, todos los Venezolanos con excepción de los grandes corruptos y enchufados, de un lado y quienes le hacen el juego político del lado contrario, hemos sido convertidos por el sistema comunista en rehenes de la revolución, en exiliados forzados a emigrar voluntariamente, previo el abandono a estar en nuestra tierra, dejando toda familia y proyectos truncados.

Somos rehenes de una barbarie revolucionaria comunista, para El Pueblo, pero capitalista para los ladrones y aprovechadores del sistema; somos rehenes pues ya no tenemos el libre albedrio de elegir voluntariamente o de tomar nuestras propias determinaciones, ya no somos libres de comprar a nuestras anchas desde lo que comemos, lo que vestimos o a donde vamos; rehenes de un gobierno que controla hasta lo que se puede hablar de un ministro corrupto, previa amenaza de cárcel para que tomados como rehenes en su guerra particular lancen a cualquier ciudadano a las mazmorras y que se pudra.

Ya no tenemos el derecho de elegir a nuestro antojo, pues con unos magistrados de dudosa calaña, no se le puede exigir al Pdte. que rinda cuenta de su nacimiento; o de que no se pueda, previa censura obligatoria de los medios de comunicación que se averigüe la verdad de tantos hechos delictivos por parte de la casta gobernante o que se nos haya quitado el legítimo derecho a revocar un cargo de elección popular o que se hayan pasado por el arco del triunfo a Diputados legítimos además de legalmente elegidos.

Continuamos siendo rehenes pues no podemos protestar en cualquier sitio, llámese como se le quiera llamar, pues la revolución planificadamente nos ha convertido en rehenes enemigos de nuestros propios conciudadanos con sus correspondientes pranes políticos, unos más sanguinarios que otros, obligados a ceder espacios comunes tanto para el libre tránsito como para la protesta.

Somos rehenes de un gobierno que luego de conformar sus círculos y bandas armadas, no las pudieron controlar, con lo cual existe una delincuencia organizada incontrolada y con un alto grado de impunidad, que asesina, mutila a diestra y siniestra, sólo amainada con OLPs que sacrifica los cuadros que no se dejan controlar.

Somos rehenes de la desidia, de la apatía, del descaro, practicada a mansalva, premeditada y ensañadamente por una dirigencia comunista revolucionaria, que dice amar a El Pueblo, pero que lo somete, subyuga con el hambre, inseguridad, colas, escasez, enfermedad y con la cárcel, sin visitas, desarraigados totalmente de su entorno y por ultimo con la muerte física, previa presentación a El Pueblo amado del degollado en plaza pública para escarmiento del resto.

Somos rehenes, pues no todos somos iguales ni ante la ley ni ante el mundo ni ante nosotros mismos, pues la casta dominante son iguales entre ellos, y el resto somos los ciudadanos rehenes, objetos todos de explotación, represión, sometidos a la sumisión, al maltrato en prisión y a la muerte, revolucionarios que defienden sus parcelas de poder frente al resto de los ciudadanos.

Por ello, por cuestiones generales y sociales cada agresión no es un hecho aislado o privado, todos constituyen un cúmulo de problemas no solucionados ni solucionables con un régimen, inepto, inescrupuloso, bueno para lo malo y pésimo para lo bueno, por un lado, y por el otro una dirigencia opositora torpe, que no da pasos firmes con decisiones, que por doloras a veces innegablemente necesarias, como lo saben del lado revolucionario.

Lamentablemente seguiremos siendo rehenes, si lo permitimos con lo cual se estatuirá firmemente, cual apartheid, dos clases sociales antagónicas en esta envilecida sociedad.

Y no se trata de todo o nada, de dejar de lado los casos puntuales hasta que se resuelva el problema completamente, de lo que se trata es de no perder de vista ni el enfoque general ni la raíz del problema: la revolución mediocre. Se trata de salir de los farsantes, desenmascarados unos y linchados moralmente otros, pues de lo contrario seguiremos en esta forma de privación de nuestras vidas, esta no–vida bajo el comunismo y como rehenes.

Por Abog. Hendels E. García Vera   @hendelsgarciave

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