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¡ME VOY PÁ MARGARITA, SE CASA MI HERMANA!



¡Me voy pá Margarita, se casa mi hermana!

Y llegó el tan ansiado día! Era un pandemonium antes de las ocho de la mañana de aquel sábado 14 de noviembre del 2015, fecha de salida del vuelo de Aeropostal de las 12:45 p.m desde el Aeropuerto Nacional Arturo Michelena, de Valencia, con destino a mi Isla, mi Margarita del alma.

Mi hermana Perla se casaba el lunes 16 de noviembre, _más atravesado que borracho en la vía_ y todo, porque ese día estaba cumpliendo años; queriendo, ella, la celebración de tales acontecimientos, por partida doble, el mismo día.Y casi todos los hermanos, nos habíamos puesto de acuerdo, para comprar los pasajes de avión, con anticipación desde el mes Mayo, para salir a la hora y fecha de salida con la misma linea aérea. _Aclaro que cada quien eligió su retorno_. Debíamos estar presente, en su boda, como se los habíamos prometido; el matrimonio eclesiástico se realizaría en la Iglesia del Santísimo Cristo del Buen Viaje de Pampatar y el bonche nupcial se realizaría en casa de mi tío Justo y Loreta, en Los Cerritos.

Pues bien, como había dicho llegó el día envuelto en mucho ruido, demasiada confusión entre mi mujer y yo. Al ir y venir apresurados, dentro de la casa, nos tropezábamos, a la vez que uno al otro les recordaba tal o cual cosa, como por ejemplo _¿Envolviste el arroz, el espaguetis, la harina PAN y el restante de los alimentos con la ropa, como te lo indiqué, Omaira?_, y ella me respondía con otra pregunta... _¿Y tu le recordaste a tus hermanos de proveerse de comida, llevándolos dentro del equipaje envuelto en los pantalones para no pasar trabajo en Margarita?, a lo que le contestaba con la respuesta dada por ellos _ ¿Vas a cargar con ese sobrepeso en las maletas, preocupándote por no dejar, Chuito? No te de malos ratos por eso, que tan sólo es habladera de paja de la Oposición con el propósito de difundir e infundir pánico a la población con su guerra económica_. Mientras yo le replicaba a cada uno de ellos _ ¡Haz caso, hermanito!_. Y otros recordatorios como _¿Dónde colocaste los pasajes y el "RV" del RentaCar, Negra? Ten presente, Omaira, que la gente de Aeropostal nos dijo que teníamos que estar dos horas antes del vuelo y éste sale a las 12:45 p.m., y eso significa que debemos estar a las 10:45_. Creo que, con nuestras angustias nos desquiciamos mi pobre negra y yo: crisis nerviosa causada por el stréss al querer cumplir con las normas de la linea aérea, en cuestión. Transformando, anticipadamente, un viaje de placer en una pesadilla.

Salimos para el Arturo Michelena a las 9.30 a.m. Gracias a la cola que nos dió mi hermano, el chavista, "Juanceto" que venía de Guanare. Que al igual que mis hermanos, rojorojitos, Lelo, Frank y "Yuyo el tuyo", habíamos acordado, explicado anteriormente, encontrarnos aquí y viajar juntos desde el Michelena, _¡Éramos un arroz con mango y estaba prohibido entre nosotros hablar de política!_. Mientras tanto Quinto_radical comunista, más no madurista_, salía desde Cumaná por Ferrys_. Como dije, Juancho, nos dió la cola al Aeropuerto desde La Isabelica, el cual dejaría su carro en el estacionamiento de la terminal aérea; de otra manera, nos hubiésemos venido en camionetica, porque los especuladores taxistas me cobraban 3.000,00 bolos por la carrerita, como si me pagaran en dolares, _¡No Jodás!_.

Llegamos al Aeropuerto, temprano, eran las diez de la mañana; primeros y únicos en la cola, para confirmar el vuelo y nos encontramos con la oficina de AEROPOSTAL cerrada. Luego, poco a poco, iban llegando los demás pasajeros. Como a las 10:30 a.m abrieron la dichosa Oficina y luego de un buen tiempo, una hora después, la voz de uno de los empleados se dejó escuchar, alta y audible, el anuncio de que el vuelo VH204, el cual estaba programado para salir a las 12:45 p.m, sufrió un retraso y se postergó para las 3:45 p.m y el de esa hora, el VH205, pospuesto para las 7:45 p.m... Mi mujer, Mis hermanos, sus respectivas parejas y yo, nos miramos a la cara con una sonrisa de interrogación y de estupidez..., mientras un murmullo colectivo, donde sobresalían altisonantes y claras mentadas de madre para ¡AEROPOSTIN! como para el gobierno de Maduro, las cuales recorría la sala donde esperábamos. ¡Comenzaba a sufrir Cristo!

Con impotencia y rabia eché la mirada hacia el fondo del mostrador de confirmación y entrega de equipajes donde pude ver pintado a todo lo largo y ancho de la pared a un Bolivar _semejante a las facciones del difunto, sin afeitar, mestizo y "cara é malandro", acompañado de un Chávez dizque pensador y reflexivo; idolatría enfermiza_. Entretanto, el empleado seguía notificando que aún así, los interesados en viajar, debían confirmar el pasaje. Mientras que la cola hervía en murmuraciones.¡Teníamos que resignarnos a esperar!

Las horas pasaban y la gente comenzó a sentarse en el suelo y a sentir hambre. No habían sillas en el recinto principal y no nos permitían entrar a la Sala de Espera. Los kioscos de la terminal especulaban con los precios de bebidas, chucherías y alimentos: ¡Todos, sin distinción de sexo y edad fuimos humillados por Aeropostal y los funcionarios del Aeropuerto, salvo un exalumno que me reconoció y me saludó!

Cuando el militar, un Capitan de la GNB, se acercó a mi lo menos que pensaba era que yo le hubiese dado clase en bachillerato. Muy amablemente me saludó _¡Mi Profe!, ¿Cómo esta usted, no se recuerda de mí? Fui su alumno en el Gonzalez Baquero_. Respondiendole el saludo _¡Bien gracias, oficial¡ Pero de verdad no le recuerdo. Los alumnos que vienen a mi mente y los mantengo en mis pensamientos, siempre son los extremos; me explico, o fueron excelentes en matemáticas o muy malos en ella; por lo tanto, usted esta en el medio, los buenos en matemáticas, y, como eran muchos los buenos, por eso no le recuerdo_. Suelta una carcajada que asombra tanto a mi familia como a sus subordinados y me señala con el dedo índice, diciéndome_ ¡ Mi Profe, siempre usted con sus ocurrencias! y, a todas estas en qué le puedo servir. ¡Estoy a sus ordenes!_.... Entonces ni corto ni perezoso le contesté _¡Ojala pudieras, hijo! Pero, es un retraso del avión_ . Afirmando su respuesta, dijo _Tienes razón, pero aquí tienes mi tarjeta de presentación para cuando regreses de su viaje, sea que me necesite o no. Estoy destacado aquí, en estas instalaciones aeroportuarias. ¡Cuídese y nos seguimos viendo, mi Profe!_. Fui reciproco con el saludo y tener que conformarme a la espera del avión.

Mi familia se retiro a un rincón, sentándose en el piso como los demás, a echar alguno que otro chiste o cuento. Mientras tanto, alguna veces sentados y otras caminando, mi vista se paseaba por las paredes del recinto para olvidar el hambre que estaba haciendo estragos en mi estómago._¡El colmo del narcisismo!_ exclamé al ver que cada dos metros estaba tapizado con el rostro de Chávez en la pared.

Salí al jardin del edificio para limpiar la mirada de tanta basura chavista. Desde allí, a lo lejos, se podía ver el Cerro de San Blas y cerca, la vía de entrada y salida del Aerodromo, en la que de vez en cuando pasaban las camioneticas que van y vienen de La Isabelica. Se me prendió el bombillo _¿Por qué no ir a la Espiga de Oro, almorzar bien y así evadir a los dueños de los kioscos hambredores de pasajeros de la Terminal del Michelena? Eran las dos de la tarde y aún faltaban casi dos horas para la partida del supuesto vuelo y mi estomago gruñía. Le comuniqué la idea a la familia, convenciéndolos porque el hambre también les acosaba, tomando la camionetíca y nos fuimos a La Isabelica.

Luego del suculento almuerzo y ya en el Arturo Michelena, como a las tres de la tarde nos arrearon, como ganado al matadero, a la Sala de Espera tanto a pasajeros de AEROPOSTAL como de otra linea, colapsando el salón con tanta personas. Estábamos hacinados y las autoridades no le pararon pelota a nuestros reclamos para que dejaran salir al Salón Principal, por lo menos a los ancianos y madres con niños pequeños, para que se pudiera respirar. Los aires acondicionados se echaron tres. El calor era insoportable. La gente con el hambre y el cansancio reflejada en el rostro no dejaban de sonreír y bromear, _¡AEROPOSTIN esta por llegar, se acerca la hora!_.

¡Llegó la hora señalada y nada!. Eran las 3:45 p.m y AEROPOSTAL no apareció. No cumplió como habían prometido. Ni un murmullo se escuchó. No hubo protesta. Un silencio indignánte se apropio de la multitud que apenas respiraba. El llanto de algún niño y el rugir de unos motores rompió el silencio a las 3:45 p.m. Era el avión de la competencia de AEROPOSTÍN que se acercaba a la pista, en busca de los pasajeros que sufrían del hacinamiento de las autoridades del Campo de Concentración en que se había convertido la Salita de Espera del aeropuertico.

Después, aliviado del hacinamiento obligado, pero no librado de la tortura de esperar lo desconocido, porque no había información del vuelo, como a las 4:30 p.m, repartieron un duro y frío sandwich con un caliente refresco, los cuales no demoraron en devorar. Yo me uní al festín, por si acaso me agarraba la cena fuera de base y le dije a mi negra que guardara los panes rellenos para cuando en verdad los necesitáramos.

No sé si fue de tanto protestar o algún milagro, como a las seis de la tarde, cuando ya las sombras de la noche amenazaba con cubrirnos nos ordenaron embarcar y nuevamente el murmullo de los pasajeros no se hizo esperar y algunas voces se preguntaban _¿Y de donde salió el avión? ¿Sería que estuvo estacionado todo el tiempo en la pista? Hasta el sol de hoy no me explico.

Una vez en el avión y alegre, a pesar de las calamidades que habíamos pasado. Dejando atrás esos malos ratos, entre mi familia y el resto de los pasajeros, que habíamos hecho amistad, nos tomábamos el pelo. Cuando, de repente, se dejó escuchar mi nombre a traves de un parlante interno de la nave. Mis hermanos, mi negra y pasajeros con quien entablé amistad se preguntaron _¿Y ahora que pasó?. Me quité el cinturón de seguridad, me levante y pregunté _¿Para que soy bueno? La sobrecargo me respondió _Queríamos saber si usted estaba en la nave_. Tanto, amigos y familia pensaron como yo _"Esto no es nada bueno"_. No había pasado unos segundos cuando se volvió a escuchar mi nombre a la vez que me pedían que acompañara a un militar a la correa de embarque en el edificio. _Tragué duro, todo se me puso chiquito_. Mi negra me sujetó por un brazo, con los ojos casi llorosos... ¡Cálmate! _le dije_ que los muchachos están contigo, no estas sola. Si no acudo con los militares, ellos vendrán por mi. Te confieso, mi negra, que tengo miedo a lo desconocido, pero hay que enfrentarlo. Veamos de que se trata.

Bajé de la aeronave acompañado por el guardia nacional y llegamos al transportador que viene de la sala de equipaje del edificio donde me esperaba otros tres efectivos, entre ellos una mujer y uno que había visto ese mismo día en el Salón Principal. Allí estaba mi maleta y la mujer me preguntó _ ¿Es ésta su maleta?_. Respondiéndole en el acto _Si, si es mía_ Luego se vuelve a dirigir a mí y me dice_ Por favor, ábrala_. Le contesto _¡Si como no! Pero, ¿Me puede decir que pasa? La mujer militar me informa que los rayos equis revelan que hay algo anormal en mi equipaje y por eso averiguan.

Una vez abierta, me piden que me aparte a un lado y proceden ellos a sacar de entre las ropas dobladas el mercadito que llevo para pasar mis días en Margarita y evitar las colas. El alma me vuelve al cuerpo al ver mis alimentos, porque he escuchado de algunos inescrupulosos que te siembran drogas para convertirte en mula y así pasar cargamentos mayores mientras la guardia se entretiene con el pendejo. A todas estas una vez recuperada mi serenidad le pregunto a la militar
_¿Por esto me han bajado del avión exponiéndome al escarnio publico?
Repeliendo la pregunta en forma fuerte, la mujer me dice
_ Ciudadano esto esta confiscado por ser contrabando y usted estará bajo arresto por sospecha de bachaquerismo_.
Pienso en mi mujer y el tiempo que llevo con la guadia. Veo que van dar la orden a la aeronave para que despegue y prontamente le digo afablemente, recordando y sacando la tarjeta de mi antiguo alumno
_Señorita, no voy a discutir porque tengo la de perder. Pero, por favor, ¿usted puede comunicarse con el Capitán Fulano de Tal, el cual esta destacado aquí en el Aeropuerto?_.
Y antes de poder hablar la militar, interrumpe el GNB que yo había visto anteriormente en el Salón Principal al lado del Capitán, y le dice
_Mi sargento, permiso para intervenir en la conversación_. Exclamando la mujer
_¡Permiso concedido, Sutano!
El GNB, dirigiendose a la sargento y al resto de compañeros de uniformes, les cuenta
_Él es de quien les hable temprano. Él es el profesor de nuestro Comandante. Y, mi Capitán se le puso a la orden para lo que fuera. Esta bajo su protección.

¡Cooooñooo! Me quedé con los dientes fríos y en una sola pieza al escuchar aquello y me supongo que la sargento tambien.

Porque su reacción no se hizo esperar al increpar a Sutano por no haberle advertido, al momento de yo llegar, sobre lo de su Capitan y su Profe. Dar la orden al avión que esperara por mi regreso, disculparse conmigo y mandar a ordenar la maleta con mi "Contrabando de Alimentos". Y, donarme para las "Causas Justas y Solidarias" un bolso de mano, tamaño regular, con otro "Contrabando de Alimentos" que habían confiscado en un vuelo anterior.

Confieso, que me chorree mientras estuve a la merced de estos militares. Que lo que tenía chiquito se puso más chiquito. Que lo que me guindaba desapareció de mi cuerpo como morrocoy que se encueva en su concha. Luego, de la tarjetíca de mi Capitán, todo volvió a su tamaño normal. y por supuesto volví al avión, con la noche encima, a los brazos de mi amada Negra, al seno de mi familia y de los amigos, que conocí en esas horas de espera.

Esa es la Venezuela nuestra de cada día donde se necesita del "TRÁFICO DE INFLUENCIA" para tu sobrevivir. Y, donde los servicios del Estado como sus empresas abusan del venezolano. Donde somos una República de Pisatarios más no una República de Ciudadanos.

Mis hermanos y sus parejas, ya en la isla, después de agotárseles el bolso de las "Causas, Justas y Solidaridad que me había donado la sargento y que yo a su vez les traspasé a ellos, se vieron en la necesidad de hacer sus colitas, bajo un ardiente sol margariteño, en el Mercal de Pampatar para poder completar su estadía; quedándoles a todos ellos un bonito bronceado. Pero, con todo y eso, no se puede negar que mis hermano y yo, recordaremos esto como una anécdota más donde se sufrió, pero se gozó. Y que siendo ellos chavistas, sufrieron como cualquier otro ciudadano.

¿Y mi hermana Perla? Se me olvidaba el matrimonio de mi hermana Perla con nuestro gran amigo Luis Delgado. Su boda fue todo un acontecimiento que merece un capítulo aparte.

Por Jesús Francisco Gómez
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